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Drogas y victimología - Centro de Difusion de la Victimologia
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Uso médico de la cannabis - Centro de Difusion de la Victimologia
Perfil del adicto en Argentina - Centro de Difusion de la Victimologia

Indice

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La ley fracasó.

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El uso de cocaína en Argentina.

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Martha, un cuento corto de Rubén Sali

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Victimización primaria, secundaria y terciaria.

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Las drogas a lo largo del tiempo.

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Perfil del adicto.

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Canadá, el uso médico de la cannabis.

Victimizaciónes primaria, secundaria y terciaria.

 

La siguientes es una clasificación de algunas de las victimizaciones que surgen con las drogas y su criminalización, de acuerdo al modelo seguido por el Dr. Elías Neuman.

 

  1. Victimización primaria: la victimización primaria o intrínseca es independiente de la criminalización de ciertas conductas hacia las drogas. Se relaciona de modo directo, respecto del usuario, el consumidor más o menos habitual y el adicto con la naturaleza química de la droga y las consecuencias, que incluyen enfermedades, que se pueden producir en el campo de la conciencia y el organismo. En otras palabras, es la victimización que opera sobre las personas que consumen substancias que alteran la conciencia, y se debe, aunque no siempre ocurra del mismo modo, a los efectos que producen sobre la salud biológica, psíquica y moral, en especial cuando esa dependencia es manifiesta y continua.

  2. Victimización secundaria: puede subdividirse en:

    1. Estigmatización social: desde la comunidad social, emerge un severo estigma que señala con dedos de fuego y rotula, como producto de un estereotipo enclavado en el inconsciente colectivo, ligando al consumidor con la delincuencia. Muchas personas han sido llevadas a la creencia, que ciertos medios acrecientan, de que se delinque con las drogas y no por las drogas o para lograr droga.
      Esta victimización se moldea con motivo de la criminalización de ciertas conductas (tenedores o poseedores, usuarios, adictos, mini traficantes, facilitadores, etc.) que, según se ve, resultan víctimas del traficante y de su séquito. Es una nueva -o paralela- victimización que no depende del efecto de las drogas.

    2. La ley que crea delincuencia: entre los cuestionados logros de la normativa penal relacionada con las dragas, se ha logrado victimizar a los seres más inertes e indefensos de lo que podríamos denominar, por comodidad de lenguaje, organización criminal-victimal. A dos extremos; por un lado, a los sembradores, cultivadores y recolectores del cáñamo, la coca y la amapola, y, por el otro, a los usuarios, tenedores, consumidores, adictos de las drogas vegetales. Los más débiles de la escala del negocio.
      En un país como Argentina, en donde el suicidio (o su tentativa) no es punible y en que tampoco lo es la auto lesión, se advierte la incongruencia de que la tenencia de drogas aun opera propio consumo y el mini tráfico, también para el propio consumo o el suministro a título gratuito, son pasibles de gravísimas penas corporales.
      Ver fallos Colavini, Bazterrica y Moltalvo para ver la postura de la CSJN acerca del art. 19 de la CN (los actos privados de los hombres que no ofendan el orden ni la moral pública) y las drogas.

    3. Lanzamiento del adicto hacia otros delitos: al tratar como delincuentes, legal, judicial y socialmente a las víctimas del traficante y su cohorte, se inflige una nueva victimización secundaria, porque quienes de ese modo son visualizados debilitan frenos inhibitorios con respecto a la criminalidad. Como si se les generara una suerte de capacidad para intervenir en nuevos delitos, no tradicionales, ajenos a la droga. Es que al considerarse delictivas sus actitudes, al decretárselos delincuentes, se los sella con una mácula. Ya son transgresores de la ley.

    4. Efectos de la victimización en la ejecución de la ley: los modos que asumen la aplicación de las leyes antidrogas sirven para una victimización se seres inertes. Bajo el pretexto de disuadir, fomentan sirviendo a la legitimación y reproducción del sistema.
      Es en la realidad cotidiana de la ejecución de la ley donde se advierte la mayor victimización y las historias vivas, palpables, que las enmarcan.
      La ley comienza a ejecutarse con al intervención policial cuya actitud frente al consumidor es, en general, de absoluta falta de respeto a su persona y a su situación. Sólo interesa la búsqueda de la red para investigar el negocio. Luego la intervención judicial ha creado en nuestro país delitos de mera actividad y peligro abstracto para enmarcar jurídicamente la responsabilidad penal. Delitos sin sustancia humana, donde queda graficado que no son las motivaciones del consumo o la franca adicción que el imputado deseo o quiera argüir lo que interesa, sino que verbos va a conjugar al momento de su declaración indagatoria: tener, poseer, usar, consumir, facilitar, suministrar, distribuir... Y el reconocimiento de la droga que se la ha secuestrado.
      Después llegará la cárcel, depósito antinatural y triturador de la identidad humana. 
      Al consumidor, que se debate entre abrumadoras tensiones y angustias, se la suman con la aplicación de la ley mayores tensiones y angustias y, a mayores tensiones y angustias, ¡mayor necesidad de drogas!. Se establece un juego de retroalimentación que, por una parte, victimiza ferozmente y por la otra, en vez de disuadir, fomenta y consolida el negocio.

  3. Victimización terciaria o supranacional: existe una victimización supranacional, con motivo de las drogas, que incide directamente sobre la soberanía política o institucional de los países periféricos del capital mundial, que deteriora la identidad de las naciones y lleva a una mayor dependencia de los pueblos. Ejemplos de esta victimización resultan la llegada de expertos marines y armamentos de todo tipo, las políticas de fumigaciones, las invasiones a territorios, la "certificación" que los países productores de drogas deben obtener anualmente de los EE.UU. a fin de evitar sanciones económicas, la imposición de leyes federales estadounidenses a terceros países (recordar caso Álvarez Machain), etc.

Las drogas a lo largo del tiempo.

Los electorados, y los gobiernos cambian de opinión sobre cómo tratar las actividades que ellos reprueban. Antes, los gobiernos solían prohibir los juegos de azar; ahora, muchos administran sus propias loterías. Por

Las drogas ilícitas de hoy fueron específicas en el siglo XIX. Tanto en Europa como en los Estados Unidos, la morfina y el opio eran de venta libre. A los bebes victorianos los sedaban con el Godfrey's Cordial, que contenía opio. Los medicamentos para el resfrío común eran a base de cocaína. Cuando las autoridades de Atlanta prohibieron la venta de bebidas alcohólicas, John Pemberton, fabricante del elixir French Wine Coca, desarrolló una versión sin alcohol pero con rastros de coca, y creó así la bebida sin alcohol de mayor venta mundial. En cuanto a la marihuana, se cree que la reina Victoria la usaba para calmar sus dolores menstruales.

Lejos de oponerse al tráfico de drogas, los británicos y norteamericanos del siglo XIX lo promovieron en forma notoria. En 1800, el gobierno imperial de China prohibió la importación de opio, que, de antiguo uso como antidiarreico, recientemente había sido "ascendido" al consumo placentero. Los mercaderes británicos lo introdujeron de contrabando para contrapesar sus compras de té chino. Al confiscar las autoridades locales una gran cantidad de droga, Gran Bretaña envió sus cañoneras, respaldada por Francia, Rusia y los Estados Unidos. Intimidada, China legalizó la importación de opio.

Los esfuerzos iniciales por extirpar el consumo interno de drogas poco tuvieron que ver con la preocupación por la salud. Una de las primeras leyes federales norteamericanas contra los fumadores de opio, sancionada en 1887, respondió a la agitación pública contra los culis chinos llevados a California para tender vías férreas y trabajar en las minas. La ley prohibía la importación de opio a los residentes chinos y la autorizaba, en cambio, a los ciudadanos norteamericanos porque el impuesto que la gravaba era una buena fuente de ingresos para el erario. Quienes redactaron la ley Harrison, de 1914, la primera de alcance nacional que prohibía los narcóticos no medicinales, manipularon el temor a los "negros ávidos de sexo, enloquecidos por las drogas". Un hecho tiñó la campaña contra la marihuana de los años 30: el primer zar antidrogas, Harry Anslinger, fue nombrado por Andrew Mellon, secretario del Tesoro y tío de su esposa. Mellon era, además, banquero de DuPont. Las ventas de cáñamo amenazaban los intentos de la empresa por construir un mercado para las fibras sintéticas. Difundir historias terroríficas acerca de la Cannabis sirvió para crearle mala fama al cáñamo. La indignación moral siempre es más efectiva cuando la respaldan algunos intereses creados.

La ley fracasó

El “fracaso” de la ley que penaliza la tenencia de drogas para consumo personal fue denunciado por una entidad civil presidida por un juez en lo criminal. La Asociación de Reducción de Daños formuló su advertencia en línea con las recomendaciones de la reciente Conferencia Mundial de Sida en Barcelona –una de las principales vías de transmisión de esta enfermedad es el compartir jeringas–, y señaló que la estigmatización del adicto “le impide conseguir trabajo en un país como la Argentina, donde la desocupación llega al 20 por ciento”.
A una década de vigencia de la ley que castiga el consumo, “no se necesita demasiada sagacidad para advertir su fracaso”, según el comunicado de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA), cuyo presidente honorario es el juez Martín Vázquez Acuña, que a su vez preside el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1. Hace pocos meses, Uruguay derogó una ley similar.
La ley 23.737 “convierte al usuario de drogas en un delincuente, condición que lo marginaliza y clandestiniza, haciendo muy difícil cualquier intervención de asistencia y prevención”, explica el comunicado. La penalización del consumo “pone en peligro la integridad física del usuario y lo deja en situación de ser objeto de coacciones o extorsiones”; además, “le impedirá conseguir trabajo en un país donde la desocupación orilla el 20 por ciento”.
Según graficó Vázquez Acuña, “si el consumo de alcohol estuviera penalizado, no podría existir la entidad Alcohólicos Anónimos”. El magistrado recordó que “el concepto de ‘reducción de daños’ se vincula con la prevención de enfermedades como el sida: las organizaciones internacionales encabezadas por Onusida, de Naciones Unidas, promueven que el usuario de drogas deje de ser caratulado como delincuente, ya que esto es lo único que abre la posibilidad de que se acerque por sí mismo a los servicios de salud y elimina los tratamientos compulsivos, de fracaso previsible”.

El uso de cocaína en Argentina.

Argentinos y chilenos que consumen más cocaína, colombianos que exportan más heroína, europeos y norteamericanos que siguen siendo los primeros y segundos mercados del mundo, albaneses que producen el más grande volumen de cannabis: ésos son apenas algunos de los datos que el organismo de fiscalización de drogas de la ONU reveló en su informe anual.
Con una postura que procura no permitir legalizaciones del cannabis como las que se insinúan y realizan en algunos países de Europa, y el aplauso a las campañas de erradicación que eliminaron miles de hectáreas de sembradíos de coca en Bolivia y Perú, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) salió a alertar también sobre los nuevos consumos de los europeos que prefieren las drogas químicas.
De acuerdo con los datos de la JIFE, Argentina y Chile serían los países de la región con el consumo ilegal anual más alto de cocaína. Aun así, los datos de Interpol que repite el informe indican que cerca de la mitad de los entre 700 y 900 toneladas de cocaína que produce la región andina van a los mercados ilícitos de América del Norte. Otro tanto termina en Europa, y cada vez más en el continente que la produce y la consume. Así, tras Chile siguen Brasil, Chile, Ecuador y Venezuela como consumidores de la sustancia. Es en Perú y en Bolivia, en los países en que se aplicaron las quemas de plantaciones acordadas con Estados Unidos, en los únicos en los que la JIFE registró un “aparente descenso” en los niveles de consumo.
Argentina no se limita a la cocaína en cuanto a su rol en el informe. También aparece mencionada, junto con Brasil y Ecuador, como uno de los tres países de la región donde se registró un incremento en el uso de heroína. Y el otro crecimiento del país es el de las incautaciones de cargamentos de marihuana: mientras en el resto del continente aumentaron hasta un 50 por ciento en la Argentina se duplicó. En ese sentido el cannabis sigue siendo la única droga de producción y consumo interno para Latinoamérica.

 

 


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